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Presente, memoria y esperanza como potencias de encuentro en el pensamiento

Autor: Daniel Jiménez Hernández

Presente, memoria y esperanza como potencias de encuentro en el pensamiento de San Agustín

¿Podemos encontrarnos con los eventos sucedidos en el pasado? Si aun no llega el futuro ¿Cómo podemos idearlo desde el presente? ¿Qué papel ocupa el presente entre el pasado y el futuro?

El tiempo en el pensamiento de San Agustín

Las Confesiones de San Agustín es una de las obras más importantes del Doctor Gratiae de la cual, además de ser considerada una autobiografía, dedica los últimos textos de su obra más conocida a hablar de la confesión futura, en la que después de exponer sus acciones pasadas en los nueve libros, consagra el libro décimo al presente. En los últimos libros, la temática central será el tiempo, más específicamente el libro IX que será la base de la presente ponencia.

Sorprende que Agustín sea uno de los primeros filósofos que aborde el tema del tiempo, su realidad, su definición y sus efectos. Anterior a sus postulados se encuentran las aportaciones de Platón en el Timeo que definirá el tiempo como “una imagen de eternidad que avanza según el número” (Timeo, 1992). En estas expresiones “San Agustín parece un eco de Platón” (Confesiones, 2012).

También Aristóteles dará su parecer sobre el tiempo en su libro Física del cual se desprenden los conceptos de movimiento y cambio, elementos clave que influirán en la tradición filosófica posterior. Después de los pensadores de la edad de oro, el tema del tiempo será recuperado con magnitud por el Obispo de Hipona que ubicará la perplejidad del tema en su conocida frase: ¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicárselo al que me lo pregunta, no lo sé (Agustín, 2012).

Desde esta afirmación que ha trascendido a lo largo de los años también nos podemos preguntar: ¿Existe el tiempo?, Si existe ¿Qué es? Y ¿Qué elementos lo componen? En relación con ello, Agustín no cae en un nihilismo del tiempo, confiesa que existe, teniendo mayor prevalencia el tiempo presente, porque el pasado y el futuro, elementos que lo componen, tienen su ser entorno al presente.

Es preciso referir que Agustín no habla de un tiempo material, sino mas bien del tiempo del alma, así lo menciona: “Pero ese tiempo no es el tiempo real, no es el tiempo del mundo ni el tiempo de la naturaleza: es el tiempo del alma, de la mente, lo que llamaríamos mejor la temporalidad, entendiendo por ello la unidad —en la conciencia, por ella, para ella— de pasado, presente y futuro” (Agustín, 2012).

La visión del pasado y el futuro por medio del alma en el presente

Ahora bien, es necesario comprender la complejidad del pasado, un tiempo que es escurridizo, que después de haber pasado no tendrá otra conexión con el presente del presente, más que por medio del alma, la cual dará lugar a la memoria para recordar o incluso ver más allá. San Agustín menciona que las realidades del pasado no volverán a ser, porque ya han sucedido, pero podemos observarlas por medio de la memoria.

El mismo lo expresa en el libro X del mismo libro, donde confiesa que: “Allí también me salgo yo mismo al encuentro y me rememoro: qué he hecho, cuándo y dónde, y de qué manera me sentí cuando lo hacía” (Agustín, 2012). La hermosura de esta expresión se centra en la narración de la certeza con la que puede encontrarse con su presente pasado, que, por la memoria, aquel estadio del alma logra visualizarse con claridad, muy a pesar de que estos eventos ya hayan sucedido.

Es notable, pues, que la memoria cumple una función de acto que permite al hombre que busca encontrarse con el tiempo pasado llegar a él por medio de su alma. Así pues, el pasado no se queda inaccesible, el encuentro con él se realiza por medio de la memoria, a la cual brinda la apertura el alma. Así pues, podemos decir que el encuentro sería la potencia que ha efectuado el acto de la memoria para ver el pasado presente que existe en el interior del alma estando yo en el presente del presente.

Por consiguiente, si el pasado se encuentra por medio de la memoria en el interior de la estructura anímica, el futuro será encontrado por la misma en el itinerario del alma hacia Dios, su conocedor, siendo ahora el acto de la esperanza el vínculo que potencie la realidad futura. El Santo Obispo ubica estas acciones en la misma memoria que analiza el futuro con una especie de “presencia ausente, que aún no se ha dado” (Andrés, 2024).

La esperanza surge a partir del conocimiento, que se efectúa a raíz de “las imágenes ya existentes de las cosas que aún no son” (Agustín, 2012). Por tanto, tenemos impresa en el alma un conocimiento que permite que premeditemos nuestras acciones, y que incluso las observemos con cierto grado de realidad existente y segura. Sin embargo, ver con totalidad el presente futuro es una acción la cual es similar a la de los profetas, acción de la que dudará Agustín o que no llegará a su comprensión.

En cuanto a la esperanza guía al alma mediante la memoria para premeditar las acciones futuras, teniendo solo un objetivo: la felicidad. Si se indaga en los tiempos pasados y futuros desde el presente no es para otro objeto que no sea la unión del alma con su creador, que tendrá por resultado la vida beatífica, la inquietud del corazón aliviada en su origen, como bien lo plasmó Agustín al inicio de sus confesiones: “Porque nos has hecho para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en ti” (Agustín, 2012).

En resumen, el presente del presente solo es capaz de ser vivido por medio de la medida del tiempo: el alma. El presente seguirá su curso, pues su distensión seguirá estando en el paso del tiempo, y tendrá su flujo ya sea en pasado o en futuro. Pero el presente del presente es aquel el cual podemos vivir como acción que está a punto de realizarse, que será ejecutada por nosotros y que dejará en el alma la huella del paso del tiempo, aquel tiempo que podremos experimentar con certeza mediante los sentidos. Solo en el presente del presente lograremos que el acto del encuentro tenga su potencia. Solo Aquel que conoce el tiempo, es capaz de comprender certeramente que su escurridez, que es testimonio y misterio, solo se revela escurriéndose; solo se entrega en su pérdida (Comte, 2001). Por ello es verdad que es “sabia la virtud de conocer el tiempo”.

 

Bibliografía

  • Agustín, S. (2012). Confesiones. Barcelona: Gredos.
  • Andrés, G. (24 de Julio de 2024). Memoria y esperanza en las confesiones de San Agustín. Obtenido de Filosofía en la red: https://filosofiaenlared.com/2024/07/confesiones-de-san-agustin/
  • Comte, A. (2001). ¿Qué es el tiempo? Reflexiones sobre el presente, pasado y futuro. Santiago de Chile: Andrés Bello.
  • Platón. (1992). Timeo. Madrid: Gredos.

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