Autor: Facultad de Filosofía
A las madres y padres buscadores que siguen teniendo la esperanza de ver a sus hijos.
A mi madre Silvia Olivia, mi hermana Analí y mi amiga Sara Sofía, gracias por cuidar de mi corazón con paciencia
Dos de la mañana, botas sucias, totalmente lleno de capas de ropa que abriga el cuerpo para soportar el frio madrugador no solo del clima, sino también del miedo provocado por la ansiedad debido al acto que cometerás. Sales de tu casa, caminas unos cuantos pasos para llegar a la parada de autobuses donde veras como pasan algunos autos o los obreros que regresan de su turno de noche y van hacia sus hogares. Recuerdas que tú también has sido uno de ellos, que pudiste haber seguido en esa vida, en ese mundo, pero no, ahora estas ahí, esperando el transporte para llegar a ese lugar. Llega el vehiculo, y el único pasajero es el chofer, primer turno del día, por cierto, un tanto taciturno, ojeras notables, se ve que no ha dormido bien, pagas con las ultimas monedas de tu billetera mientras que esperas que te de el cambio, solo un peso. Tomas asiento y ves nuevamente el panorama febril en la noche del día, cuando una ciudad duerme, cuando los perros ladran al amanecer, cuando los borrachos salen de los bares y nadie sabe nada de nadie es el momento de hacer un crimen
Crimen, acto cotidiano que ha acompañado a la humanidad desde su origen, ultima instancia de los pobres, medio de la riqueza de los ricos, humillación y perversión en una sola acción, y tú ¿Por qué haces un crimen? Buena pregunta, respóndete con tu misma historia. Empiezas a recordar que efectivamente no eras un criminal, sino un obrero, pobre, con una casa pequeña, un trabajo miserable y mal pagado, pero con el tesoro mas grande que la vida, el universo o como se llame te pudo haber dado, una hija, la única que tuviste antes de la muerte de tu mujer. Hacia 7 años que no recordabas que habías tenido mujer, hija y una casa, y en resumen toda una vida feliz también. Sin embargo ¿dónde quedaron esas cosas? Pues tu memoria te sigue dirigiendo mientras tu recuerdas más cosas que habías guardado en un cajón de tu alma. Tu mujer, el amor de tu juventud, tu hija Sofia, con una belleza inigualable. Si, cualquier sabio hubiese dado su conocimiento por verse en sus ojos azules que parecían un espejo de agua, iguales que los de su madre. Ambos tus amores, pero mas Sofia pues verdaderamente era carne de tu carne, tu orgullo y tu tesoro. Y porque además de todo, su nombre hacía alusión a su mayor virtud, su sabiduría.
Sofia: tan dulce, tan tierna y sabia, a su corta edad sabía leer y escribir, y mejor aún, por un libro que le regalaste cuando estaba aprendiendo a leer te conto, antes de que desapareciera, que quería ser filosofa. Para ti, que tu sueño de adolescencia era ser filósofo y no esclavo de una empresa que solo te absorbe fue el mayor honor que pudiste haber recibido. Todo hubiese sido perfecto hasta aquel día en donde tu vida cambio su rumbo, cuando dios jugo contigo o peor aún, cuando conociste el mal.
¿Lo recuerdas? Solo estabas ahí cuando paso todo, apenas regresabas del trabajo cuando encontraste en tu pequeña casa en los suburbios de esta pequeña ciudad el peor escenario de tu mente. Entraste a tu cuarto, y viste a tu mujer llena de balas en su cuerpo, el cuerpo que tantas veces abrazaste, su bello rostro tan terso y blanco, con sangre, como si fuese una bestia. Tendida sobre la cama, esa cama donde dormías con ella, y las sabanas que aun conservaban su perfume ahora manchadas también con su sangre. Junto al cuerpo que amaste una nota escrita con una terrible caligrafía y ortografía: VAMOS POR UNA Y SEGUIMOS CON LA OTRA A VER SI LA ENCUENTRAS IDIOTA
Y así era, terminas de leer la nota, y en medio de lágrimas y sollozos empiezas a buscar por todos lados a Sofia, pero lo único que encuentras es su libro del Mundo de Sofia aquel que le regalaste nuevo y muy brilloso, ahora roto en la salita que había en la entrada y solo una de sus sandalias de color rosa, la otra muy probablemente se la llevo con ella cuando los mismos que asesinaron a tu esposa, también secuestraron a tu hija. Al ver el panorama te preguntas ¿por qué a mí? Empiezas a maldecir, lloras como un niño, te tiras al suelo y sigues sin desconsuelo hasta que pierdas la noción del tiempo y te desmallas.
Despiertas levemente, como si fuese un sueño, el peor que hayas pasado, pero no, seguías en la pesadilla de tu vida. Observas nuevamente el cuarto con el cadáver. Te percatas y lo primero que has de hacer es besar su rostro con la sangre seca, tus manos, aun sucias del trabajo que volvías tratan con delicadez el cuerpo inerte del ser que te amo por 8 años hasta su ultimo suspiro, suspiro arrebatado por el plomo de unas cuantas balas, algunas en su pecho, otras en sus brazos y una en su pierna. Sales nuevamente del cuarto y llamas a la policía y a tus suegros, quienes, así como tu solo tenían a una hija, tu mujer.
Solo vuelves nuevamente a reaccionar y devuelves la mirada por el frio del viento que pasa por los pequeños orificios de las ventanas del viejo autobús. Ves que estas más cerca del lugar el cual te espera para poder descargar tu ira como si fueras una bestia. El boulevard que esta regido por un puente que solo te irrita la vista va siendo interrumpido por el sonido del tren. Vuelves a recostar la cabeza en el frio cristal que tiene el vehículo y vuelves a recordar tu pasión. Piensas que es lo que sientes, venganza, dolor, duelo, emoción, melancolía o en realidad sientes y experimentas el mal.
Y en medio de todo esto, vuelve a ti tu imagen, un hombre solo, en su pequeña casa de obrero, como las laminas y los grandes ladrillos que la conforman no te devolverán el calor que sentías cuando estabas en los brazos de tu mujer, cuando tu hija llegaba y te hablaba de aquello que le apasionaba, aquello lo cual te daba vida. Pues Ahora vas buscando esa misma vida, iluminado por los ojos de Sofia, esperando encontrarla.
A Sofia la secuestraron un día de octubre, en el transcurso del otoño y de una redada que ocasiono el gobierno de este lugar. Años después sabes que en realidad fue una confusión, pues tus vecinos estaban aliados en el narcotráfico, como diría la gente “andaban en malos pasos”. Y justamente comprobaste que fue una confusión, pues días después de la muerte de tu esposa sucedió lo mismo con tu familia vecina, solo que, a comparación tuya, tu sobreviviste por que estabas en el trabajo, tus vecinos no. El saldo de las muertes de esa familia no fue una venganza, fue la masacre mas violenta que pudiste ver en toda tu vida. Abres los ojos nuevamente y después de los episodios mentales que sufres, no sabes si por la ansiedad o el miedo, te reincorporas con el freno que da el chofer para indicar la parada de la calle Gutiérrez Barrios, uno de los lugares donde el surrealismo de este país se ve más que reflejado, de un lado casas como la tuya o incluso peores y del otro las casas de los grandes políticos y empresarios, incluida la de tu jefe, por cierto. Los dos mundos que rigen esta sociedad, las clases sociales a las que sigues cuestionando. Bajas del autobús temblando de frio, pero con la certeza de que esto es el inicio o el fin. Caminas unos cuantos pasos mientras sigues las instrucciones que te habían dado algunos compañeros de la fábrica que supieron que en esa calle aparte de ser la residencia del dueño del infierno donde trabajas, hay una casa donde llevan a la gente secuestrada. Vas a buscar tentando al destino, sabiendo que tú, un obrero con una pequeña arma que a duras penas sabes cómo cargar no podrás vencer a cuanto sicario encuentres o te encuentre. Te cuestionas si será tu instinto suicida o las ganas de descubrir si Sofia sigue viva o en realidad la búsqueda de tu muerte anunciada. Empiezas a buscar la casa, las señales que te dio uno de tus compañeros llamado Luis fue que la casa es de color crema, un solo piso, lo que más la distingue de las demás son esos malditos picos que están para que ningún hombre pase por ellos. Y si alguien intenta pasar, tendría que ser muy astuto para llegar allí.
Llegas con miedo y duda y la ves, una casa lujosa, sin apariencia de ser el lugar donde tantas personas pudieran experimentar el dolor, la tortura o en el peor o el mejor de los casos, la muerte. Y ciertamente tiene todo lo que han descrito, portón de metal, un solo piso, color crema y beige, y en la parte más alta de la verja los picos puntiagudos que resguardan la seguridad de la casa. Te detienes ante ella recordando el mito de Edipo ante la esfinge, tu esfinge ahora es esa casa blanca, sabiendo que tienes la respuesta al acertijo que te dirá. Respiras profundo el aire frío de la madrugada y exhalas aire cálido. Esperas un rato a que pase alguien, pero nada, solo estas tú, la calle fría que se debate si es de cemento o de terracería y la sensación de muerte que tienes. Ves tu reloj y observas que ya han pasado dos horas, 4 de la mañana y sigues afuera, incluso te preguntas por qué has llegado hasta el lugar o si será viable aun lo que harás.
otro compañero tuyo, Adolfo, quien vive cerca de la zona te dijo que su hijo vio como salen a cada rato los guardias de la casa, y que entre ellos habían visto una niña como de unos 9 años y de ojos azules salir de esa casa. Cuando te dijeron eso, recordaste las circunstancias en que Sofia fue secuestrada. El largo camino que has hecho por buscarla, la has buscado por donde sea, has salido en las pocas marchas a donde has podido llegar pues por tu trabajo no te dan muchos descansos. Has llenado tu calle con fotos de ella, incluso has salido con los colectivos a buscarla en las fosas clandestinas fuera del estado, buscándola en los lugares más recónditos, esperando que, aunque sea puedas encontrar el cuerpo. Pero solo sigues buscando a Sofia hasta el momento presente, hasta llegar a una casa donde no sabes si atentar contra ella y descubrir si tu hija está ahí o solamente quedarte con la duda mas existencial de tu vida.
Observas que hay un poste de luz junto a la casa, intentas escalarlo para ver un poco más allá de la pared, y es verdad, a esa hora solo logras ver movimiento en el fondo de la casa, el primer patio solo, sin guardias ni nada que impida el paso. La distancia es muy corta para que puedas saltar, solo tienes que calcular bien tu salto porque si no caerás sobre los magueyes de metal. Te decides saltar, con mucha precaución para caer el techo del portón que es bastante amplio, logras llegar, pero al caer, tu pie izquierdo cae sobre un pico. Antes de gritar por el terrible dolor decides callar para no ser descubierto. Te quedas perplejo y no sabes si volver a saltar o solamente quedarte allí hasta ser descubierto. Tomas nuevamente valor para saltar, ahora con un pie ensangrentado. Cuando te has decidido por saltar ves como unos hombres salen de la casa con armas largas solamente levantas las manos y ves como disparan, ves la explosión de las balas y como estas se dirigen a tu cuerpo. Caes por el impacto y con la última noción que tienes ves como una niña de ojos azules sale corriendo a tu encuentro. En ese momento cierras los ojos para poder descansar, dar paso a esta vida, dejar pues tus pasos en búsqueda de Sofía como filosofo en búsqueda de la sabiduría. Abres nuevamente los ojos y te das cuenta de que estas en tu cama, en tu casa de lamina y ladrillo, con tu mujer al lado, pero no ves a Sofía cerca tuyo, no ves sus libros ni sus pequeñas sandalias, no ves su cama en donde la recostabas cada noche y le hablabas de cómo te había ido en el trabajo, no está nada de eso, solo tu mujer y tú. Al final te das cuenta de que todo fue un sueño y que tal vez Sofía no existió o ¿tal vez si?




